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30 octubre, 2009

RADIO DIEXISTA

cuarto de escucha de un diexista rico no es el mio
pegatinas de las emisoras de Suiza y Radio Praga
una de las emisoras mas musicales en O C, desde Alemania Radio " doiche bele " estaba en la parte libre, antes del muro
Radio el Cairo, te obsequiaba con numerosas postales logicamente despues de recibir tu carta de escucha
esto creo que es la zona de Mida Thalat, por los años 70 postal regalo de radio el Cairo.
postal de radio Praga las emisoras del bloque comunista, eran las mas activas
la mezquita azul de El Cairo otra postal de radio Cairo. quien me diria entonces, que yo visitaria esos lugares
el incombustible, este era uno de los calendarios de radio Cuba la oficial despues habia otra que se llamba, radio Cuba Libre nada que ver con la bebida
parte posterior del calendaro de 1991
radio Moscu y radio Cuba, tenian los mismos gustos publicitarios calendarios, los de Moscu, de mayor calidad
integrantes de la programacion latina de la B B C de Londres quizas la emisora de mayor calidad y mas ecuanime magnificas voces, tenian por entonces.
las fichas que confesionaba, con los horarios y frecuencias de escucha. ampliense y veran detalles curioso. .............................................................. ........................................................................
Haya por los años 70, comenzó mi afición al diexismo o DX. Consiste en la escucha de las emisoras de radio en Ondas Cortas, que emitían desde países lejanos, algunos tanto como China, Moscu, Tirana, Cuba, etc.
Por aquella época el " tito Paco " aun coleaba y la forma de saber cosas del exterior era a través de las emisoras de OC, como yo era un poquitin revolucionario, eso de escuchar Radio Moscu, molaba cantidad. Y si conseguía captar Radio España Libre, emitiendo desde los Pirineos, ya ni te cuento. Parecía que había cometido un asesinato, que subidon de adrenalina.
Las emisoras del Telón de Acero, la tenían tomada con el Pinoche de Chile y se llevaban toda la jornada dale que te dale, resumiendo, dejaron de ser interesante, por tantos palos a la burra. Después mi interés se centro en las emisoras del otro lado del charco. El inconveniente que por cuestiones horarias , estas se captaban , a partir de las 7 de la madrugada hora española. Unas terminaban a las 4 y otras empezaban a las 7, que al final no dormía nada.
Cuando captaba una nueva emisora, les enviaba una carta o postal con los datos de recepción y ellos a cambio, te enviaban a modo de diploma de escucha, algunas banderines, otras postales o calendarios y estos son los que ven en pantalla.
Tuve la suerte de escuchar las ultimas emisiones de Radio Tirana y de la emisora de la RDA (republica democrática alemana). Al poquito, cayo el Muro de la Vergüenza de Berlín. No piensen que mis escuchas eran con sofisticados equipos, como los de la primera foto, nada mas lejos, comencé con un LAVIS patatero heredado de mi madre con auricular de carbón y termine con otro LAVIS con 4 bandas de OC, con sintonía manual, a la que adapte un motor asíncrono y conseguí que realizara barridos. Este fue mi afición durante muchos años, que me quito muchas horas de sueño.

3 comentarios:

joseanbejarano.blogspot.com dijo...

La radio, durante las décadas cincuenta-sesenta, única alternativa al cine, le estaba aburriendo a Emilio, quien ya no creía, a sus años, lo que su padre desde años atrás le había dicho sobre ésta. Pero Emilio aún se quedaba mirando fijamente el magnífico TELEFUNKEN que presidía el cuarto de estar. Ante el frontal del aparato, con parsimonia, poco a poco, iba girando el botón que hacía desplazar la aguja donde estaban situadas las filas, escalonadas, de sonoros nombres de ciudades: Adelaida, San Francisco y Valparaíso; Londres, Pretoria y Addis-Abeba; París, Praga y Moscú; Dar-Es-Salam, Estambul y Halifax; Helsinki, Vancouver y Roma. Y así, nombres y nombres de extrañas y lejanas ciudades —también Barcelona, Sevilla y Madrid aparecían— desde las que con el dial iba, a su paso, extrayendo sonidos, según la teoría de su padre, por la cual las voces y músicas venían directamente de los lugares señalados. Y Emilio, absorto, pasaba las horas observando los lugares enumerados en la faz desplegada —plana—, del mundo, sobre el cristal iluminado por las lámparas del receptor.
Eran años mágicos de radio en los que Emilio, absorto, escuchaba atentamente todos los sonidos que surgían del oculto altavoz que vibraba según subía o bajaba el volumen. Entonces, a solas, deslizaba con la lentitud necesaria el dial, escuchando las músicas, unas veces de violines —seguramente desde algún salón de Viena o Berlín—, otras de ocarinas y flautas procedentes, tal vez, desde algún zoco rifeño o quizá cantos del muecín llamando a la oración desde algún alminar de Estambul. O la voz, grave, perfecta, sonora, intraducible, desde algún estudio en blanco y negro, en el mismo corazón de Londres o Nueva York. O las sintonías de los “partes”, dando las noticias de España. También los novelas, aburridas, o los Ángelus, o ”Matilde, Perico y Periquín”, o el 5-1 de la amarga noche del Benfica.
Pero también, el niño, a solas —a escondidas—, giraba, con un golpe seco, el botón prohibido, el que, a veces, había visto conmutar a su padre —Onda Corta—, y entonces, bajando el volumen, lo giraba, si cabe, más lentamente escrutando toda la banda, oyendo, muy lejos, sincopados sonidos que paraban y recomenzaban con unos ruidos que lo hacían absolutamente ininteligible. Como había visto a su padre muchos días, a las once de la noche: girando el botón y aplicando el oído atentamente.
A Emilio se le disparaba la imaginación pensando que si aquel botón, girándolo en un sentido, (OM), le traía todo lo anteriormente descrito, girándolo en el contrario (OC), las distancias se multiplicaban y, milagrosamente se podrían oír, tal vez, músicas de balalaika desde la ciudad, meta por fin, de Miguel Strogoff, portador del mensaje del zar. O la voz de Crusoe desde la solitaria isla de los Mares del Sur, tal y como Emilio, desde su cama en las madrugadas silenciosas de los inviernos, imaginaba y anhelaba de la mano de sus maestros Verne y Defoë.
Manipulando el receptor y escuchando las emisiones es como Emilio comprendió que el mundo no se acababa en los "catañarejos" ni al final de la carretera de Trasmonte; que los nombres escritos en el frontal del "telefunquen" eran tan reales y existían tan concretamente como él los tenía localizados, situados, y ubicados en su mente. Y con la radio, años después, aprendió tolerancia oyendo las primeras palabras de democracia.
Ahora, Emilio, es un “culo-de-mal-asiento” que recorre el mundo captando —MediaPlayer on-line—, lo mismo Radio Osaka y Radio Aleuthians Islands con asombrosa nitidez a golpe de doble “clic”, que las“efeemes” de su ciudad o de su asociación de vecinos. La radio seguirá siendo, para siempre, su fiel acompañante.
fin

PEDROHUELVA dijo...

Amigo J. Antonio.
Después de leer tu relato, no tengo palabras para definir cuanto he sentido en el transcurso de la lectura. He revivido mis años más jóvenes y visionado perfectamente ese dial, con tantos países exóticos que se me antojaban.
Mi mayor agradecimiento, por esta magnifica aportación a nuestro blog.
Esta noche te recordare, por que estoy invitado a la entrega de los premios ONUBA DE NOVELA, no se si concursaste alguna vez, si no es así, creo que ya va siendo hora.
Muchas gracias

Felix Casanova Briceño dijo...

Hola Pedro.

Interesantísimas las postales, un pelin retro, pero es lo que se llevaba, y tus explicaciones al respecto.
Hala, ya se lo que Radio Diexista¡¡

Que curioso

Un abrazo